La educación sobre la alimentación empieza en casa y se refuerza en la escuela, su Escuela Infantil Bambinos. Esos pequeños gestos que hacemos cada día tienen un impacto muy grande en el futuro de nuestros niños y niñas.


Cada día hay opciones diferentes para elegir.


Mientras más sabores, colores y texturas prueben, más fácil les será tener una relación abierta con la comida.


La fruta y la verdura son las estrellas principales. Procura que estén siempre presentes cada día, de manera que le resulte llamativa y acorde a la edad que tiene.


El agua siempre es la opción más natural y saludable. Procura no elegir refrescos y reduce la cantidad de zumos envasados. Lo mejor es que el agua sea lo que más beba.


Deja que coma cuando tenga hambre. No fuerces a que termine todo el plato. Los niños suelen controlar su hambre y cuándo se sienten llenos de manera natural.


No uses la comida para premiar o castigar. No hay que ver la comida como un premio ni como un problema.


Haz rutinas que puedas mantener sin complicarte demasiado. Tener horarios fijos para comer ayuda a controlar el hambre y también da una sensación de orden.


Siempre que se pueda, hay que comer en familia. Compartir la mesa es un momento que aporta mucho, tanto en lo educativo como en lo emocional.


Da un ejemplo. Los adultos somos el ejemplo para los más pequeños. Si nos ven comiendo de manera saludable, será más sencillo que quieran hacer lo mismo.


Haz que participen con tareas sencillas. Lavar una fruta, mezclar una masa o decidir entre dos opciones saludables hace que se interese más en el mundo alimentación.


La clave está en tener paciencia y ser constante. Cambiar hábitos no es algo que pase de la noche a la mañana. La clave es repetir, pero sin sentir que te estás presionando demasiado.


Recordemos que no se trata de buscar la perfección, sino más bien de encontrar un equilibrio. Si haces pequeños cambios y los mantienes con el tiempo, al final consigues grandes resultados.

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